Principios que acaban con nosotros


Los portamos como estandarte de nuestra particular empresa. Son empuñados en ébano y marfil, en cetros cuidadosamente esculpidos. Tallados a partir de nuestro sentido de la justicia.

Pero, de vez en cuando, la tela pesa demasiado. Es un grueso tapiz al que le cuesta ondear. Arrancado por los vientos de cambio, sin poder mecerse, hecho jirones. Nos impide ver más allá, opaca el horizonte. Y nos aleja de los demás.

Cuando nuestros principios, en lugar de abanderarnos, son vendas en nuestros ojos; alfombras en las que nos dejamos enrollar para ser constreñidos y asfixiados por el peso de nuestra estrechez de miras.

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