Desamor inflacionario


"In order to exist, desire must have its objects perpetually absent." —The Oceans, Statherian.

Tal y como versa dicha línea de la canción, que os invito a escuchar. Para que el deseo exista, inherente a su esencia, debe quedar como tal, como un deseo. Y su consecución inalcanzable, platónica, algo que jamás llegará. Ausente de forma perpetua.

Cuando se desea lo más puro que un ser humano puede desear en vida, el amor, y éste no puede darse de forma natural, entonces, lejos de extinguirse, se torna eterno.

Una teoría de la física postula que la etapa inflacionaria del universo que se produjo en el tiempo de Planck, ésto es, la expansión inicial o "Big Bang", se dio por una presión negativa del estado de vacío. Así es, el modo de que surja una avalancha de materia y espacio es precisamente la ausencia. La nada* favorece que surja el todo.

Los amores imposibles parecen comportarse del mismo modo. Cuanto mayor sea el vacío, cuanta mayor la falta de correspondencia, más crecerá el sentimiento dentro de quien ama. Hasta que, tal vez, llegue un momento en el que el soporte material de dicha persona sea despedazado en un "Big Rip" universal que desligue sus tejidos, moléculas, átomos, y partículas subatómicas. O lo más común; que se dé un comportamiento de universo oscilante. Un ir y venir del sentimiento, que nunca termina de desaparecer, puesto que queda un remanente en forma de materia de partida sobre la que sentar las bases de la próxima expansión. Una más de entre incontables, en un todo que se expande y contrae por siempre. Un corazón cósmico nutrido por la imposibilidad de ofrecer su sangre al prójimo.

Y somos nosotros mismos quienes obliteramos cualquier noción, por ínfima que sea, de querer a esa persona, puesto que nos hace daño asumirlo. Entonces el universo de amor se encoge, y cuando ya no quedan más que resquicios, advertiremos lo necesario de esa persona en nuestras vidas, como motor, como eje. Tal vez nos acerquemos de nuevo, lo suficiente como para que una ínfima fluctuación de la materia nos inunde de calidez. Y resurge.

Por el camino podemos ofrecer y recibir cariño, pero nada comparable. Meros trazos de acuarelas que dan color al lienzo vital, pero no cambian su esencia. Cuando las lascas de pintura seca sean presa del paso del tiempo y caigan, cuando el color degenere, volveremos a presenciar ese lienzo desnudo y se nos encogerá el alma.
Así, para siempre. Quizás.

*En términos meramente científicos, la nada en el universo no existe. Siempre hay un mínimo de densidad de energía, espero se me permita la licencia narrativa.

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