Poesía (I)


Habitan en el corazón,
le dan fuerza al pálpito
y al músculo color.
Son gestadas sin saberlo,
o con planificación.

Hay quien las respira,
quien las siente a cada paso.
Hay quien las tiene que inventar.

Hay quien las añora;
desde que una vez las tuvo,
no las puede olvidar.

Ingrediente de la vida,
necesario para rendirse
a su cadencia y su compás.

Son ceniza de ave Fénix,
lucero que despunta,
cuando llega el nuevo día,
si su dueño redescubre
el poder de la alegría.

Son de cuero áspero,
si nacen de lo hostil.
Son aurora boreal,
y centellas brillantes,
cuando el hombre está feliz.
Son las llamadas...

ganas de vivir.

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