¿Acaso puedes decantarte? ¿Acaso puedes dar tu punto de vista y que no resulte una visión sesgada de la realidad? ¿Acaso a veces se tiene intolerancia al sesgo?
La intolerancia al sesgo puede conducir al mutismo. ¿Para qué opinar, si por uno u otro lado va a despuntar el brillo del fallo derivado de ser poseedores de un cuerpo y condición? Una conciencia repleta de preocupaciones que subjetiviza el entorno, la problemática, hasta el punto de ofrecer un menú, en lugar de los ingredientes que se utilizan como materia prima. El menú está contaminado de ti. Huele a ti, sabe a ti. Su textura resulta de una ordenación molecular similar a la manera en que se estructura tu mente. Pero si, llegados a este punto, no opinamos, ¿seguimos existiendo?
La anulación de la persona como un espíritu atado a un cuerpo es una de las metas de las filosofías budista e hinduista. El creernos portadores del estandarte de nuestro "yo" nos provoca un profundo pesar difícil de atenuar. Si sufrimos una pérdida, no la toleramos, puesto que no es una pérdida global. La pérdida solo la sufres tú, solo la sufre el yo. ¿Es lógico tratar de tomar conciencia de nosotros mismos como la no existencia de nosotros? ¿Somos estados transitorios de conciencia en el espacio y en el tiempo que en última instancia perderán todo aquello a lo que aspiran y que logren conseguir cuando, indefectiblemente, nos desvanezcamos?
Por momentos parece elegante y seductor el camino de anularnos, pero a la vez antinatural. Nuestra evolución nos ha dado conciencia de un cuerpo al que debemos nutrir, de unas necesidades básicas que debemos satisfacer. El problema es que estamos hiper-evolucionados en materia de ambicionar. Exigimos demasiado a la vida, y a la vez le pedimos que no nos quite nada de lo que logramos. Si así resulta, nos sumimos en una profunda desidia. ¿Se puede vivir con un mínimo de exigencias y ser feliz? Algunos piensan que esa es la clave.
¿Es el camino correcto para todo tipo de personas? Después de todo, no se dijo en vano aquello de "no es más quien más tiene, sino quien menos necesita".
El camino al estoicismo y a la entereza tras haber tratado de anularnos como cuerpo y mente sedientos de apetencias parece arduo pero, sin duda, de caminar cómodos por él, parece que ningún sendero se nos hará cuesta arriba a partir de ahí.
Es paradójico que el proceso que nos lleve a la estabilidad sea el mismo que a priori nos anula.
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