La vida se abre camino


La otra noche alcé la vista hacia la inmensidad del cielo nocturno. En aquel preciso instante sentí como la superficie de la Tierra se plegaba y aplastaba; todos y cada uno de sus componentes, quedaban a ras de suelo. 

Puntos de luz arriba en el firmamento, mundos mucho mayores que este planeta que tan poco conozco, todos ellos. Arrojando luz sobre lo desconocido. Cada uno de ellos desafiándonos, usando la sordidez de la distancia como arma. 

Los humanos somos seres muy sensibles a la distancia. Aniquila el sentir lacónico, el pensamiento en caliente, la erupción, el humor espontáneo. Enfría, desacelera, ralentiza el metabolismo y merma las ganas de vivir. Cuando se trata de distancias insondables, la sensación permea nuestra piel y nos atraviesa, como dagas de hielo. Es el clima tropical de los pulmones que vira al frío seco siberiano, al ser conscientes de todo lo que no podremos experimentar. De que esta realidad va mucho más allá de nuestras apetencias y, lo que es más retorcido, nos seduce con cantos de sirena que podrían conducirnos a la perdición. Las mieles de lo imposible, que por momentos creemos realizable.

Pero, al igual que el peso del mal llamado destino cae sobre nuestros hombros, podemos utilizar la secuencia de actos simultáneos de cada uno de nosotros -y sus consecuencias- a nuestro favor, abrir nuevas vías dentro del complejo tejido social y de la naturaleza. Porque, después de todo, la afinidad de las moléculas basadas en el carbono y nuestro ADN nos quisieron esculpir en un tamaño ridículo, y hasta este diminuto punto azul perdido en la más pura vacuidad, se nos antoja inmenso. 
Cientos de destinos, de personas, de sensaciones a experimentar.

La vida se abre camino, pero el reloj avanza. La flecha del tiempo siempre apuntando hacia adelante, impasible ante nuestra petición de clemencia. Aprovechemos el flujo de acciones y repercusiones, aprovechemos la enorme gama de sensaciones a experimentar con que nos deleita nuestro cerebro. Cuando la inapetencia, la fatiga, o ambas hermanadas, nos saturen, despojemos de maleza y fieras los senderos más abruptos y llegaremos a parajes de una belleza asombrosa. 

Lugares inéditos dentro y fuera de nosotros.

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